domingo, 6 de noviembre de 2011

Llegado a este de punto de mi vida y con 33 años, casi 34, habiendo vivido mucho y aprendido no tanto como hubiera debido, si es cierto que hay algo a lo que aplico mi convicción y mi lucha reivindicativa e inamovible contra la hipocresía.
Las palabras y las promesas sólo tendrán significado para mí cuando vea su continuidad en los hecho que les dan sentido. Me proclamo traductor de miradas e interprete de gestos. Anulo las palabras y las promesas basándome en los hechos y soy el jurado del juicio de mi vida. No creo lo que no veo o lo que no siento. Hablo desde la confianza y seguridad de mi experiencia. 

Creer en algo o en alguien no es posible si no crees en tí mismo. Amar a alguien no es posible si no te amas a tí mismo. Mientras nos preocupamos en buscar muestras de afecto olvidamos de querernos a nosotros mismos. Mientras buscamos muestras de amistad olvidamos ser amigos.

Por si existe el riesgo de que existan connotaciones religiosas en mi texto las anularé de golpe afirmando que Dios no existe. El catálogo de IKEA publica más ejemplares que la Biblia con lo cual si existe un Dios será en ese caso el dueño de IKEA por haber llegado a más hogares con su obra.

No es mi intención aburriros con pensamientos profundos. Mi intención era más bien compartir con vosotros a modo de consejo lo que he aprendido en lo poco que he vivido.

Y en lo que a la música se refiere... Can´t Get You Off My Mind. Lenny Kravitz (1995).






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