martes, 29 de septiembre de 2009

Otoño sueco.

Comenzaré regañándome a mi mismo por no haber escrito antes en el blog. Debería ser más serio con las pocas rutinas que me satisfacen.

Para aquellos que lean esto y que quieran ubicarme físicamente diré que he vuelto a Karlstad, Suecia. No Suiza. Suecia.
No hace falta entrar en detalles que justifiquen el porqué de dejar Alicante por Karlstad. Entre varias de las razones dos nombres: Clara y Eric.

Hace un més que aterricé en Suecia. Un año después de marcharme. Podría hacer del viaje algo lleno de suspense y nerviosismo provocado por la vuelta a Karlstad, pero lo cierto es que pasé la garn aprte del viaje durmiendo y babeando sobre la ventana del avión.
El avión me llevó hasta Gotemburgo donde cogería un tren hasta Karlstad.
Al bajar del trén fuí asaltado por dos personitas con sonrisas de oreja a oreja.
Os aseguro que una niña de ocho años y un niño de seis pueden abrazar igual de fuerte que un adulto. Lo primero que Clara me preguntó fué:"Hasta cuando te quedas papá?". Puntos suspensivos.

Recuperé mi antiguo trabajo y los compañeros se alegraron de verme y de volver a tenerme como compañero. Volví a entrenar con mi antiguo equipo de fútbol. También ellos se alegraron de verme. Buen comienzo. Quizás esta vez no me sienta tan solo.

Vivo con Christoffer. Sin duda mi mejor amigo aquí. Está muy ilusionado con la idea de que vivamos juntos y me lo hace saber cada vez que me ve buscando piso. Tarde o temprano tendré que vivir sólo y quizás sea entonces cuando me sienta solo...

Paso tiempo con Jessica. Nacida en Suecia pero de madre española. Muy divertida y todo un encanto. Ella es mi pequeño trocito de España aquí.

Karlstad se ha vuelto gris. Los árboles han perdido su alegría y una alfombra de hojas marrones cubre toda la ciudad. El otoño es para mi el período más duro en Suecia. Viento frío y lluvia invitan a quedarse en casa.
Esta mañana fui en bici hasta el trabajo. Trayecto de unos diez minutos. La temperatura? 1 grado. Mis manos, mi nariz y los dedos gordos de mis pies no me perdonan el haberme ido de Alicante.
A las siete de la mañana los obreros suecos que estan en la misma obra que yo, van en camiseta. No entiendo como cojo...es no tienen frío. Y tampoco entiendo porque cuando van a España en verano se ponen calcetines blancos con las chanclas. Algo no debe ir muy bien con el gen sueco que regula la temperatura del cuerpo.

Por lo demás todo bien. Alguna cosa me hubiera gustado que fuese de otra manera pero hay cosas que son cosa de dos.
Esto ha sido un pequeño avance de mi asentamiento en tierra vikinga.
Regularidad. Eso es lo que prometo a los que me leeis.
Un abrazo.