martes, 27 de enero de 2009

Entre dos países.





Hoy en Alicante luce el sol y el termómetro ha llegado a marcar 19 grados. El viento sigue soplando pero no con tanta fuerza. Hace unos días hubo temporal en la mayor parte del país. En Sant Boi murieron cuatro niños al desplomarse el techo y las paredes de un polideportivo sobre ellos. Estaban jugando al beisbol. Yo que soy padre de dos niños preciosos, sigo todavía con la tragedia metida en la cabeza. En las noticias nos enseñaban a los padres retirando escombros como si se tratase de un terremoto en un país tercermundista. Cuesta comprender que cosas así ocurran en España. Esas paredes habrán sido testigos de alegrías y risas, de victorias y derrotas y esas mismas paredes han silenciado para siempre las risas de cuatro niños mientras practicaban su deporte favorito. Mi más sentido pésame a los familiares y amigos de esos cuatro niños.
Hay imágenes que se te quedan grabadas durante un largo tiempo, algunas para toda la vida. Para mí todas las desgracias que tengan que ver con niños me llegan al corazón y ésta es una de ellas.

En Karlstad hoy llueve, sopla un viento frío y la temperatura ronda los cero grados. Karlstad es una ciudad sueca de unos cien mil habitantes. En esa ciudad viven mis hijos, Clara y Eric, con su madre Anna. En esa ciudad viví con ellos seis años y antes de eso Anna y yo vivimos juntos en Alicante donde nos conocimos.
Es curioso lo rápido que pasan seis años.
Planear mi vuelta a Alicante no fue fácil. Fue algo que medité durante meses. Y aún no puedo creer que esté tan lejos de Clara y Eric. Clara tiene siete años y entiende mucho más de lo que uno cree. Cuando hablo con ella me cuenta orgullosa cuanto ha aprendido en la escuela. Me cuenta todo lo que quiere hacer cuando nos veamos. A Clara le encanta Alicante. Le llama mucho la atención las palmeras y es lo primero que pinta cuando dibuja algo sobre España.
Eric tiene cinco años. Tiene el pelo rizado. Muy rizado. Él es igual de travieso que su pelo. Le encanta verme jugar al fútbol y quiere que le enseñe a regatear y a tirarse como los porteros se tiran.
Son maravillosos.

Así estoy, atrapado entre dos ciudades, entre dos países.